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24 de abril de 2013

¡¡Los FNÁTICOS con los libros!!

  Era una tarde de agosto y no conseguía encontrar la inspiración para mi siguiente novela, así que decidí ir a buscarla a la casa del lago. Cogí mis hojas de papel y mi lápiz y me puse en camino. Cuando llegué, me senté en la primera piedra con vistas a la enorme extensión de agua. Mis dedos huesudos empezaron a jugar con el lápiz, pero la imaginación seguía sin llegar. Y de repente, delante de mí, vi un rostro que nunca olvidaré: tenía una melena rojiza como hojas otoñales que la hacían parecer aun más bella con los últimos rayos de sol. Un rostro tan pálido que hacía resaltar sus sonrojadas mejillas; y sus ojos eran de un azul intenso, semejantes al agua donde nadaba. Su cuerpo empezó a moverse con movimientos tan sutiles como los de una bailarina. Fue entonces cuando vi su larga cola de sirena cubierta de preciosas escamas que brillaban como hermosos diamantes. De su espalda aparecieron dos alas que la hacían parecer enteramente un hada. Quise acercarme a ella pero al verme se sumergió velozmente en el lago dejándome atrás. Mis manos inquietas acariciaron el papel y apretaron el lápiz. Comencé a dibujar suaves líneas que iban descubriendo su rostro, y otras más gruesas que daban forma a su larga melena.
No podía dejar de pensar en ella. Fue entonces cuando la inspiración atravesó mi mente y empecé a escribir sobre aquel rostro que jamás olvidaría. Nunca más volví a verla.

                                                                                            Natalia y Miriam.

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