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29 de octubre de 2010

Juan Albañil (1º ESO A) recita "Elegía al niño ahogado"

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Elegía al niño ahogado
Con los ojos abiertos bajo el agua,
nemorosas de verdes y tristeza,
te inquiero, segador de luz y peces.
Mordazas de cirstal te puso el río,
chiquillo agamenón, mártir del baño,
cuando gritaste en medio de la muerte.
Te la tragaste a tu pesar: amarga
muerte en el dulce flujo que se marcha
en us persecución y de la orilla,
a pesar de los frenos del molino
a su tropel de los frenos del molino
a su tropel de rumbos diligentes
y del dogal del pente a su garganta.
Las cañas te alargaron su socorro
con hojas, material de tus barquillas,
pero tu espanto sólo vio la muerte.
Luna de auga, cántaro de carne,
bella lombriz tu sexo, anzuelo inútil
picado por los peces, ya te subo.
¡Ay río, río! Hermoso a la ventura,
gobernador de pompas sin gobierno,
¿qué diré, qué le diré a su madre?
¡Ay agua! acompasada de hermosuras,
que te buscas, halladas en cada curva,
cuerdas de los relojes de las norias.
¡Ay pez! ¡ay sapo! ¡ay onda! ¡ay ova! ¡ay margen!
cómplices a la fuerza, ¿Qué decirle
a una madre de un crimen crstalino?
Sirenas en maillot cantan las ranas
de medio abajo agua, y por los dedos
lloran los pescadores hilo a hilo.
Como un alga olorosa, entre la arena
chorrea un seño triste que pudiera
haber tenido colmos de minuto:
acordeón en flor, culebra ciega,
donde aún no había habido un solo pleno
no, una altivez fugaz, si, un hijo en junto.
Le sobrará dolor, niño, a tu madre
todo el que a ti te falta en la mejilla
playa donde se comba al sol tu sangre.
Ya no resultarán trinos exentos
de la persiana en flor, de los naranjos,
donde, colón, atropellabas mundos.
Frutas, granadas, seños coronados,
¿quién os redimirá de vuestro peso,
maldición regalada de la rama?
¿A qué mejor pastor encomendarla
este ascensor rebaño de cometas
que no lo conduzca al prado azul del hilo?
¿Ay, río, río por tus afluentes,
playa de golfos, golfo fugitivo,
mantenedor en justas de verdura:
por ¡tanta! acción verdura cometida,
yéndote luz abajo para siempre,
¡así te lleva el mar! ¡así te ahogues!
(Miguel Hernández, Poesía pura, 1933-1935)

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