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2 de marzo de 2011

AGUSTÍN, EL CONEJO SALTARÍN

Versión de María Cristina Laluz (Montevideo)
Agustín es un conejo muy especial. Sus grandes ojos escudriñan todo lo que le rodea. Quiere saber. Todo le interesa. Olfatea, lame, toca. Con sus orejas bien paradas puede oír hasta los ruiditos más lejanos. Cuando le preguntan, como hacen siempre los adultos:-¿Qué vas a hacer cuando seas grande?; él responde , muy serio:

-Voy a ser un Científiconejo.
-¿Y para qué?
-Para inventar todo lo que aún no ha sido inventado.
-¿Y para qué?
-Te explico: quiero inventar un lápiz que escriba solo, sin faltas y con linda letra; una pelota que no se pinche y con la que se pueda jugar al fútbol sin pelear; una escalera de la que uno se pueda caer sin hacerse chichones; una máquina anti-aburrimiento y un sistema para descargar energía sobrante que las mamás podrán usar con sus hijos a partir de las ocho de la noche; un reloj que solo marque horas felices; una nave que ruede, flote, sirva para explorar el fondo del mar y el espacio interplanetario.

-¡¿Todo eso?!
-¡Y mucho más!
Agustín pasaba muchas horas pensando en estas cosas.
Una mañana salió temprano a recorrer el bosque. Oyó unos débiles quejidos. Se guió por ellos y llegó al borde de un barranco. Se asomó.
Allá en el fondo blanqueaba una bola de algodón que se movía.
-¿Qué te pasóoooo?
-Iba saltando distraída y me caí. ¡Ayúdameeeeee!
-Quédate tranquila, descansa, que yo vuelvo enseguida.
Casi voló hasta el fondo de su casa donde tenía cientos de cosas inservibles, que esperaba usar cuando llegara el momento oportuno.

Buscó unos resortes enormes. Los ató a unas cañas gruesas y se marchó corriendo otra vez.

-¡Allá vooooooy!- dijo, saltando desde el borde. Llegó junto a la coneja Jazmín, que lo miró arrobada.
-¿Te animas a saltar conmigo?
-Contigo a donde sea,- dijo ella , que se había enamorado desde el momento en que lo vio.
Agustín la tomó delicadamente en sus brazos. Se agachó, impulsó sus patas traseras en un salto fenomenal y al llegar arriba se miraron, sabiendo que iban a seguir juntos.

Se casaron. Agustín olvidó sus sueños de ser un Científiconejo porque tuvieron que trabajar, como todos los esposos. Llegaban cansados a casa, pero aún así se daban tiempo para inventarle cada noche un cuento diferente a sus quince hijitos.
Hasta que fueron ancianos, en las noches de luna clara, salían a pasear montados en los zancos, sonrientes y enamorados.

Salta que salta Agustín,
salta que salta Jazmín
y de su amor encantado
este cuento ha terminado.
Florencia (1º eso D) Uruguay

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