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25 de febrero de 2011

UNA VECINA COMO LA GENTE


Cristian bajó del autobús nº2 que volvía de la universidad. Jamás lo había hecho en los seis años que llevaba estudiando, pero una poderosa razón llamada Belén motivó su descenso del colectivo en la ruta, a mitad de camino entre la avenida reforma Universitaria y la rotonda de la ruta a Córdoba.
Sabía que debía caminar cuatro cuadras de tierra hasta llegar a la casa de ella. Como no veía números en las viviendas, consultó si faltaba para el 2.400. Le confirmaron que restaban 400 metros.
Desconocía el número exacto y empezó a preguntar. Una de las mujeres que la preguntó tenía unos 35 años y afirmó ser vecina de la familia de Belén, que se había mudado hacía 15 minutos.
Cristian necesitaba ubicar a Belén, pero al no poder comunicarse telefónicamente para avisarle de que había hecho todas las gestiones que le había prometido hacer, empezó a agobiarse.
La vecina le dijo:" Mirá, la madre tiene que volver mañana a buscar unas cosas que le quedaron acá. Si querés, dame tu número de teléfono y tu dirección y yo le cuento que viniste para que ella le diga a Belén." Cristian se lo agradeció.
El día después de ese miércoles, el contestador no tenía registrado llamado alguno.
Al regresar de la universidad el viernes, sobre su cama, donde su madre le dejaba los mensajes, Cristian encontró un papel donde se leía: Te llamó Belén.
Antes de que transcurrieran 10 minutos, cerca de las 9 de la noche, la chica lo llamó una vez más.
Cristian no volvió a la casa de la vecina que tan bien se portó. Le resultaba por demás incómodo a su vagancia y a su moderada ingratitud bajarse nuevamente del nº2 en la ruta al regresar al campus universitario y tomar otro colectivo hasta su casa. Eso sí: días después, cuando le contó la historia a su hermana, dijo de la vecina:" Dios la tenga en su gloria el día que le toque capitular."
Sofía (1ºeso D) Argentina

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